Califato ¾: Llevar el flamenco al futuro

En la mítica película de Ricardo Pachón El Ángel: Musical Flamenco, filmada en 1984, hay una escena en la que aparecen las legendarias cantantes andaluces Bernarda y Fernanda de Utrera. En un salón reverberante, un público plurigeneracional compuesto por mujeres, hombres, niñas y niños, forma una ronda compacta que late cinéticamente al ritmo de las palmas. En el extremo superior de ese círculo, desde el punto de vista de la cámara, está sentada La Fernanda, con sus sesenta y un años, junto al maestro de la guitarra Pedro Bacán. Fernanda está vestida de rojo; su rostro estoico está marcado por el carácter que su voz encarna, la melancolía tallada en la belleza. Su voz es una llamarada filosa y a medida que sus tonos melismáticos acuchillan los cielos, el público se ve inmerso en la catarsis del momento y parece vibrar al unísono. 

De la mano de los versos desgarradores de La Fernanda, su hermana menor, La Bernarda, entra en la rueda desde un costado, apareciendo en el cuadro cual mensajera ominosa, con una chalina blanca sobre el vestido negro y los ojos ocultos tras grandes gafas de sol. Gira despacio en el centro de la rueda, adueñándose de la escena mientras su voz atraviesa el aire. Canta sobre veneno y desolación, y alterna entre palmas firmes y brazos abiertos con abandono. El público contribuye y se alimenta de la energía con palmas, zapateos y gritos enfáticos. 

Los dedos de Bacán se borronean sobre las cuerdas de nylon mientras Fernanda se pone de pie de un salto y se une a su hermana en el centro de la escena. Las cantaoras intercambian versos como si fueran una estrella binaria cuya fuerza gravitacional extrae las emociones de quienes la rodean. Juntas atraen la agonía y el éxtasis y desde las puntas de los dedos los envían al cielo. 

El intercambio musical documentado por la película de Pachón es retroalimentación positiva, una especie de exorcismo en el cual cantantes y músicos reproducen y amplifican las energías colectivas de quienes los rodean y alcanzan un estado inefable llamado duende. Ese estado misterioso y fundamental es muy difícil de precisar. Al duende se lo suele traducir al inglés con palabras tales como alma, espíritu, pasión y carisma; lo que intentan describir esas palabras es la promesa fugaz que yace en el corazón del flamenco, la alineación emocional ideal entre artistas y público que, por naturaleza, es trascendental. La música que nace en los momentos de duende está formada por las hebras de la experiencia personal y colectiva a nivel micro, la pasión romántica y la tristeza que inevitablemente la acompaña, y macro, la conquista cultural y la perseverancia en la diáspora. 

En Andalucía, lugar de nacimiento del flamenco, la densidad de la historia no hace más que avivar el fuego. Encrucijada geográfica y cultural, Andalucía ha sido marcada por las vastas influencias de quienes han intentado, o logrado, reivindicar el territorio. Griegos, fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes, cristianos, judíos y otros pueblos han cohabitado o se han enfrentado a lo largo del tiempo. El nombre Al Ándalus proviene de la denominación que los musulmanes le daban a España y es su influencia la que quizás está más profundamente arraigada. A partir del siglo VIII, los musulmanes transformaron las ciudades de Sevilla, Córdoba y Granada en nodos de las artes, las matemáticas, la ciencia, la filosofía, la poesía, la moda, la gastronomía y demás. Los ecos de sus polifacéticas actividades resuenan en el paisaje cultural; sus instrumentos, ritmos y estilos vocales están profundamente arraigados en el flamenco. 

El flamenco es también la historia del pueblo romaní, o de los gitanos, como se los conoce en España. Originarios del norte de Indostán, se cree que los romaníes escaparon de una invasión afgana a comienzos del siglo XI y, lentamente, se fueron desplazando por Medio Oriente, África y Europa, llevándose y dejando gestos en el transcurso de su migración. Los romaníes se fueron dispersando a lo largo del camino, pero muchos se establecieron en España alrededor de 1425 y trajeron una fusión cultural unida por valores en común. A diferencia de los grupos mencionados antes, que dejaron marcas monumentales, los gitanos, quizás por su preferencia por la tradición oral, han dejado una marca más efímera, pero que, sin embargo, es poderosa. De hecho, por la gran cantidad de músicos flamencos gitanos que han alcanzado la fama, se los suele considerar sinónimos del género musical; su cultura corre por las venas de Andalucía. 

Las migraciones crearon los cimientos del flamenco, pero fueron las persecuciones las que consolidaron su estructura. Durante la Inquisición en España en 1492, musulmanes, gitanos y judíos fueron violentamente forzados a convertirse al cristianismo. Pero como muchos otros que a lo largo de la historia de la humanidad han conseguido extraer belleza de la desolación, los ecos musicales de sus penurias formaron las bases del flamenco. El flamenco moderno es la confluencia de todas esas culturas y su roce: migrantes, opresores y víctimas. Sus espíritus se entrelazan en el cante jondo, el canto profundo del flamenco andaluz, y le brindan su naturaleza compleja y duradera.

Un grupo contemporáneo dedicado a la preservación del flamenco a través de la reinvención es Califato ¾. El colectivo, basado en Sevilla, reflexiona sobre las glorias pasadas de al-Ándalus y crea un folclore nuevo con su audaz perspectiva sobre la fusión sónica. El nombre mismo es un código intencional. Califato es una referencia al Califato de Córdoba, el reino musulmán de la dinastía omeya en el siglo X, que gobernó gran parte de la península ibérica. ¾ es uno de los compases primarios, o unidad métrica rítmica, del flamenco, junto al 6/8 y el 12/8. Ondeando en alto la bandera rítmica, los Califato ¾ han asumido el cometido de trasladar las características rítmicas del compás flamenco a los géneros de música bailable contemporáneos e infundirles un punto de vista andaluz. 

Como grupo, Califato ¾ es un espacio en el cual se funden visiones exploratorias, con integrantes que provienen de distintos colectivos musicales: Breaking Bass, LIE radio y Industrias94. Confluyeron en un retiro creativo en el campo andaluz, pero podría decirse que, en realidad, el grupo nació en las calles de Sevilla, con todas sus capas de historia subterránea. Como unidad, se reconocen orgullosamente andaluces, pero también conectados con las conversaciones musicales más amplias del underground universal de hoy, en el que los micro géneros cruzan la internet, que acerca lo que antes eran sonidos regionales (y también, en muchos casos, los métodos para generarlos) a localidades lejanas. Además de los elementos del flamenco tradicional –la voz, las palmas, el zapateo, la guitarra y el cajón–, la música de Califato ¾ también expone las afinidades de sus integrantes por el zouk, el drum and bass, el hip hop, el dub, el rave, el punk y demás. Es una mezcla que se presta a la reformulación a través del uso de las DAW y otras herramientas musicales modernas. Califato ¾ combina elementos que suelen ser dispares para configurar nuevas mutaciones musicales que homenajean a sus múltiples cadenas de ADN y brillan como un todo elevado

Y aunque el colapso del espacio musical y el tiempo, acelerado por internet, ha generado una diversidad de nuevas posibilidades positivas para la creación musical y, en ciertos sentidos, hasta ha borrado las fronteras, el saber de dónde se viene se vuelve imprescindible en ese torbellino infinito. La proyección de un punto de vista cultural único puede ser un antídoto contra el globalismo insípido; la esencia de al-Ándalus se siente en todos los aspectos de la producción de Califato ¾: en la iconografía judeocristiana de las festividades de Semana Santa en sus videoclips y en las referencias históricas sevillanas de sus canciones. Las letras de la banda están escritas en Êttandâ pal andalûh, una ortografía no oficial creada en 2018 con el objetivo de representar mejor las características particulares del dialecto andaluz. También suelen incorporar música de danzas típicas de la región, como las sevillanas, en sus composiciones. Califato ¾ vela por la historia de Andalucía y la impulsa hacia el futuro. Y como las grandes cantantes de Utrera, Fernanda y Bernarda, Califato ¾ genera intercambios energéticos con sus oyentes que son un poco sesión espiritista, un poco transmisión profunda de la historia y pura pasión.

Nos encontramos hace poco con Califato ¾ para conversar sobre su práctica musical. Comenzamos la charla preguntándoles acerca del origen y significado del manifiesto que aparece en su sitio web.

La música fue primero, el manifiesto después. Somos cinco personas, y cada uno viene de un estilo y una forma de hacer diferentes, quizá esto sea lo que más enriquezca nuestro mundo. Bebemos de diferentes ríos pero todo llega a un mismo mar. Como amigos logramos entendernos muy bien, y nos divertimos, lo más importante para el trabajo en grupo.  

Lo hicimos cuando formamos el grupo por primera vez tras el primer disco “L'ambôccá” para afianzar ciertas ideas, pero lo realmente curioso es que lo llevamos a cabo de manera natural. Es muy abierto a pesar de los puntos, y esencialmente se resume en incorporar “lo andaluz” en nuestra música, en cualquier forma de expresión: sonora, rítmica, anecdótica, folklórica, filosófica, callejera… 

El manifiesto de Califato ¾ en su sitio web: https://califato3x4.com/

Hablen sobre rendir homenaje a una tradición musical y hacerla evolucionar a través de la experimentación. ¿Tuvieron que alejarse de su herencia andaluza para poder apreciarla?

Nosotros homenajeamos y acuñamos cosas del folclore, pero siempre desde la admiración. Cuando tratas las cosas con cariño a la hora de hacerlas, también transmites eso mismo cuando la gente lo escucha. Hacemos música que pueda perdurar en el tiempo, con poca vergüenza pero con dedicación y cuidado. Siempre es necesario mirar las cosas desde fuera para poder tener otro punto de vista. Nosotros nos hemos separado de nuestro folclore y hemos vuelto para llevarlo a otro nivel. Nos sentimos muy orgullosos de la cultura andaluza, de la de antes y de la de ahora.

[Integrante de Califato ¾] The Gardener publicó en Instagram un video de un altar que incluye una foto enmarcada de Las Grecas. ¿Cómo los han influenciado otros innovadores de la tradición flamenca?

Tenemos infinidad de referentes, por mencionar algunos más: Bernarda y Fernanda, El Torta, El Capullo de Jerez, La Paquera… todos estos artistas son muy personales. Su vida y su música se unen dando una fuerza muy personal a todo lo que hacen. 

También emplean elementos visuales para proyectar su identidad, mediante los videoclips, el diseño de los álbumes y el vestuario. ¿Qué impacto tienen las tradiciones andaluces, la iconografía religiosa, las procesiones de Semana Santa, etcétera, en su estilo visual y de qué manera se combinan con la música que hacen? 

Los elementos que usamos en nuestra imagen tienen mucho que ver con las tradiciones de nuestra tierra, así mismo, está todo construido por artistas y diseñadores andaluces o con vínculos con Andalucía como Rorro Berjano, JLR o Marina Nosequé. Nosotros primero hacemos los sonidos, y después los diferentes artistas se empapan de ello para crear imagen o video. Su visión moderna con tintes o reminiscencias a lo antiguo es lo que nos interesa.  

¿Cuáles son las estructuras rítmicas y los compases que conforman la base del flamenco y cómo esa base puede convertirse en cimientos de expresiones musicales más experimentales? 

Los ritmos del flamenco se basan normalmente en el 3/4 o 12/8. Nosotros hemos adoptado esos compases para expandir el uso normal de la electrónica de pista de baile, creemos que hay mucho donde investigar y nos encanta profundizar en ritmos distintos a lo que estamos acostumbrados.

¿Pueden ofenderse algunos puristas del flamenco ante la modificación de un compás?

Nosotros siempre creamos nuestra música desde el respeto y la admiración. Nos atrae el carácter futurista porque estamos muy relacionados con la música electrónica. No entendemos que pueda ofender a nadie porque no tenemos ánimo de ofender: hacemos música para divertirnos, jugamos con respeto y respetamos jugando. Los “palos” del flamenco en cierta manera son como los “standards del jazz”, son unas “reglas del juego” pero cada artista es libre de hacer su propia versión del juego. 

Actualmente, hay infinidad de formas de experimentar con la electrónica, el mismo Ableton o cualquier otro DAW ofrece posibilidades infinitas, sin contar con los VSTs modernos y toda la gama de sintetizadores y efectos que existen. Por poner un ejemplo concreto, en nuestro tema “Fandangô de Carmen Porter” usamos un plugin de randomización de patrones: Usamos el patrón base de un fandango clásico y le incorporamos esta herramienta para darle un toque futurista a la base. La creatividad en nuestro caso surge del trabajo en grupo, todos escuchando y aportando ideas variadas que nos llevan a usar diferentes herramientas. Lo aburrido en flamenco o en cualquier disciplina: pararse demasiado en cuestiones técnicas, y dejar de fluir o disfrutar.  

En el flamenco, el baile, la música y la canción están unidos inextricablemente. El baile, ¿es una consideración importante en el proceso compositivo de Califato ¾?

El tono festivo va mucho de la mano, en el flamenco se suele tomar la fiesta como una especie de ritual, una forma de entrar en cierto trance, exactamente igual pasa con la electrónica en un club. Nosotros queremos hacer hincapié en donde confluyen estas dos formas de expresión tan diferentes aparentemente. También nuestra forma de hacer música es festiva, nos pegamos una fiesta creativa para que las ideas surjan de forma más visceral e inconsciente, tal como pasaría en una reunión flamenca. 

¿Qué pueden decirnos acerca de la interacción entre elementos acústicos, como las palmas y las cuerdas de nylon, con elementos electrónicos originados por una DAW? ¿De qué manera se puede garantizar que cada elemento brille por sí mismo en el marco de un todo integrado? 

Lo que pida cada canción, no hacemos distinción en los elementos. Normalmente en las demos tiramos de DAW, y luego al grabarlos con instrumentos acústicos (cuerdas o vientos principalmente) gana todo muchísimo brillo y fuerza, pero también puede darse el caso de que lo que lo hace original a un sonido sea su “artificialidad”.

En nuestro primer EP, L'ambôccá, todo se hacía en el ordenador. Luego empezamos a incorporar instrumentos acústicos llegando a proyectos muy barrocos, con cientos de pistas, y difíciles de simplificar, porque cada uno de los elementos estaba aportando algo distinto. También en fase de creación dejamos huecos, para que reposemos un solo, una parada, una transición.

Normalmente, todo surge en un collage de elementos acústicos o sintéticos, y luego pensamos la manera de llevarlo al directo. En ese punto nos damos cuenta de qué es imprescindible para que tenga el brillo y la presencia que comentas. Lo importante es la dinámica, no perder en los temas “la sorpresa” sea una sorpresa acústica o digital hay que darle frescura a todas las creaciones.

Creemos que una parte importante de la creación es la toma de decisiones creativas que aporten frescura y novedad: una fx extrema a un grupo de pistas, un sonido a un volumen “incorrecto”, un patrón rítmico “roto”, un corte impredecible, un sinte que suena a guitarra…

“Cante jondo” quiere decir canto profundo pero se refiere a profundo en el sentido emocional. ¿De qué manera los instrumentos electrónicos modernos permiten que una profundidad de frecuencia, que no era posible con instrumentos acústicos, ingrese en el flamenco?

El sonido de la electrónica ha evolucionado muchísimo, haciendo que nos despeguemos completamente del espacio sonoro del batería-guitarra-bajo-voz. El cante jondo es muy ritual, es impresionante cómo transmite una guitarra y una voz, unas palmas y un cajón. Nada más. Si llevamos este minimalismo instrumental a la electrónica llegamos a conectar con eso que comentas: El sonido profundo de los bajos sintéticos, el uso de fxs extremas… todo este nuevo universo sonoro es de una fantasía prodigiosa que puede llegar a ser muy “jonda”. Ahí se encuentra lo más ancestral con lo más vanguardista.

Texto y entrevista: Mark McNeill

Fotografía: Adrián del Campo

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